Authoritarianism in Cuba with Regis Iglesias Ramirez

Regis Iglesias Ramirez, Cuban activist, former prisoner of conscience, and member the Christian Liberation Movement (MCL), addresses the 5th Annual Geneva Summit for Human Rights and Democracy – see below for full prepared remarks.

 

Full remarks in Spanish. See below for English

 

En Mayo de 2002 por primera vez desde que llegar al poder en 1959 la dictadura de Fidel Castro más de 11,200 cubanos demandaban legalmente un plebiscito para que fueran reconocidos sus derechos.

Yo fui uno de los cubanos que firmaron y reunieron las firmas necesarias según establece la propia constitución vigente en la isla para hacer válida una petición ciudadana a las autoridades.Yo fui uno de los gestores del proyecto varela y tuve el privilegio junto a Oswaldo Payáya Antonio Díaz de presentar esa demanda en la sede del parlamento nacional. 

En Cuba no se respeta el derecho de los ciudadanos a expresar libremente lo que piensan, ni asociarse libremente según sus intereses. No se reconocen aún las libertades económicas pese a las cosméticas medidas que como concesión y no como derecho establecido y garantizado las autoridades ahora anuncian al mundo y no son más que un intento de cambio fraude para mantener los privilegios de una casta en el poder. En Cuba no hay elecciones libres y lo que el régimen Cubano llama ‘proceso participativo’ no es más que la ratificación de 612 individuos escogidos por las organizaciones afines a la dictadura para ocupar los 612 dispuestos de diputados nacionales. 

Por esto fuimos secuestrados y sancionados en una grotesca farsa judicial, 75 líderes y activistas por los derechos y libertades de los Cubanos. Fuimos arrestados y permanecimos por más de 30 días en celdas tapiadas. Calurosas y asignadas junto a individuos acusado de tráfico de drogas. En 30 días sólo pude ver el sol una sola vez y era sometido constantemente interrogatorios en oficinas climatizadas con bajas temperaturas. Para intimidarme y hacerme acatar en vano las infamantes calumnias con que nuestros captores nos acusaban.

Luego fuimos trasladados a centenares de kilómetros de nuestros lugares y encarcelados junto a criminales comunes en prisiones por toda la isla. Casi no se nos permitía visitas o comunicación con nuestros familiares. Se nos violaba la correspondencia. No se nos permitió en aquellos primeros años leer la biblia o libros sobre la historia de cuba y universal. No pocos de entre nosotros fueron víctimas de salvajes golpizas por parte de nuestros carceleros. Nuestra alimentación era magra y de muy mala calidad. Los insectos los roedores pululaban y la fetidez en aquellas condiciones antihigiénicas nos exponía constantemente a todo tipo de enfermedades.

Con el tiempo algo cambió- aunque muy poco- este vergonzoso castigo. Pero para algunos de nuestros compañeros de causas las extremas condiciones de restos se mantuvieron casi invariables. Finalmente a muchos no nos quedó otra opción que decidir a petición de nuestras familias agotadas en 2010 el destierro. Ellas también fueron víctimas de un trato inhumano al tener que trasladarse en las difíciles condiciones del transporte público en cuba cientos de kilómetros para poder vernos y llevar los libros, bolígrafos, un poco de comida y medicinas.

Nuestras familias también fueron maltratadas y humilladas por nuestros captores. Las promesas de cambio del régimen no son más hasta el momento que otra farsa para intentar ganar tiempo y consolidar sus privilegios oligárquicos. Que si no es la supuesta libertad de viajar que aún deja en manos de la policía política cubana la decisión final de entregar a la persona que tiene intención de viajar el pasaporte autorizándole o no, a hacerlo. Un chantaje, un método más de selección de la represión a partir de los intereses del régimen y en muchos casos no depende del individuo ser beneficiado o no por tal gracia. 

Igual pasa con las medidas para reanimar la economía y la agricultura quebrada de la isla. Es en último caso la seguridad del estado quien decide si la persona puede dedicarse a un pequeño negocio de servicios o tener en arrendamiento por un tiempo limitado alguna parcela de tierra a la que hacer producir. 

Oswaldo Payá luchaba contra este cambio fraude. Así le llamaba él y le llamamos nosotros. Luchaba contra esta perpetuación de la oligarquía que mantiene sometido al pueblo cubano. Esta posición honesta y coherente del líder fundador del Movimiento Cristiano Liberación era estridente a los oídos de la junta económico militar cubana y a los intereses de los que tanto dentro como fuera de la isla están interesados en pactar privilegios y no derechos.

Por eso le asesinaron junto a Harold Zepero el Domingo 22 de Julio del 2012 mientras viajaban con dos jóvenes solidarios que desde españa y suecia se habían trasladado a la isla para conocer el sentir y los anhelos del pueblo cubano. Si Oswaldo Payá y Harold Zepero fueron asesinados, fueron víctimas de un atentado que les costó la vida y esto lo sabemos desde el primer día por las informaciones que tanto víctimas como testigos así en llegar amigos fuera y dentro de la isla. Estos hechos los hemos podido corroborar con los testigos sobrevivientes en este crimen. Con ellos a los que han intentado imponer una feroz mordaza aún cuando ya están lejos de cuba pero continúan rehenes del chantaje que la dictadura hace a sus gobiernos, gobiernos democráticos que callan e intentan silenciar la verdad que conocen desde el primer momento de los hechos.

Por eso pedimos a la comunidad internacional, a las personas de buena voluntad que nos apoyen a crear una comisión independiente que investigue los hechos del 22 de julio del 2012 y se haga a la luz de esa verdad que conocemos y nos han confirmado todos los testigos. 

Osvaldo y Harold visitaban ese día a líderes y activistas en el oriente de la isla que están divulgando y trabajando en la iniciativa “El Camino del Pueblo”. Esta propuesta que han firmado más de dos mil activistas de más de 70 organizaciones defensoras de los derechos humanos, la mayoría de ellas dentro de la isla es la respuesta de los demócratas cubanos a esos intentos de cambio fraude que desconocen los derechos del pueblo e intentan ignorar y desprecian a la no violenta oposición Cubana. 

Queremos que nuestros hermanos demócratas del mundo sepan esto: sepan que dentro de Cuba se trabaja en medio de la más terrible represión sin odio, pero sin miedo, por los cambios verdaderos que hacer que en el día de la libertad. Queremos que nos escuchen que la solidaridad vaya a esa incipiente sociedad civil que crece y se multiplica que es capaz de ponerse de acuerdo en lo fundamental para nuestro pueblo: libertades civiles y económicas y políticas, justicia social primero y elecciones libres. 

Este es el cambio por el que trabajamos. El cambio por el que muchos Cubanos han ofrendado ya en más de medio siglo de dictadura sus generosas vidas. No puede ser ni en América, ni en Europa patrimonio exclusivo de un partido ni de un gobierno las cuotas de solidaridad con el pueblo cubano. O en qué momento les es más oportuno según sus propios intereses nacionales ser solidarios o no serlo. No necesitamos de esta exclusividad hipócrita.

Queremos como nación independiente que se nos apoye puntualmente. Sinceramente a devolver la soberanía secuestrada por una tiranía al pueblo cubano. Según diseñamos nosotros mismos nuestro propio proyecto de presente y futuro. Queremos que nuestros amigos en el mundo nos acompañen a transitar el camino que hemos diseñado y ya caminamos: El Camino del Pueblo. Pedimos solidaridad con nuestra liberación. Que todos los días el mundo le recuerde al régimen que más de 25 mil cubanos han demandado legalmente un plebiscito por sus derechos. 

 

Full remarks in English

 

In May 2002, for the first time since Fidel Castro’s dictatorship came to power in 1959, more than 11,200 Cubans legally demanded a plebiscite to have their rights recognized.

I was one of the Cubans who signed and gathered the necessary signatures as established by the island’s constitution to make a citizen’s petition to the authorities valid, I was one of the managers of the Varela project and I had the privilege, together with Oswaldo Payáya Antonio Díaz, of presenting that demand at the national parliament. 

In Cuba, the right of citizens to freely express what they think and to associate freely according to their interests is not respected. Economic freedoms are still not recognized despite the cosmetic measures that the authorities are now announcing to the world as a concession and not as an established and guaranteed right, which are nothing more than an attempt at the fraudulent change to maintain the privileges of a caste in power. In Cuba, there are no free elections and what the Cuban regime calls a ‘participatory process is nothing more than the ratification of 612 individuals chosen by the dictatorship’s pro-dictatorship organizations to occupy the 612 seats of national deputies. 

For this, we were kidnapped and sanctioned in a grotesque judicial farce, 75 leaders and activists for the rights and liberties of Cubans. We were arrested and remained for more than 30 days in walled cells. Hot and assigned next to individuals accused of drug trafficking. In 30 days I could only see the sun once and was constantly subjected to interrogations in air-conditioned offices with low temperatures. In order to intimidate me and make me comply in vain with the infamous slanderous slander with which our captors accused us.

We have then transferred hundreds of miles away from our places and incarcerated with common criminals in prisons all over the island. We were allowed almost no visits or communication with our families. Our correspondence was violated. We were not allowed in those early years to read the Bible or books on Cuban and world history. Many of us were victims of savage beatings by our jailers. Our food was meager and of very poor quality. Insects and rodents swarmed and the stench in those unhygienic conditions constantly exposed us to all kinds of diseases.

With time something changed – although very little – this shameful punishment. But for some of our comrades in cause, the extreme conditions of the remains remained almost unchanged. In the end, many of us were left with no choice but to decide at the request of our exhausted families in 2010 to go into exile. They were also victims of inhumane treatment by having to travel hundreds of kilometers in the difficult conditions of public transportation in Cuba to see us and to bring books, pens, a little food, and medicine. Our families were also mistreated and humiliated by our captors. The regime’s promises of change are so far nothing more than another farce to try to gain time and consolidate their oligarchic privileges. What if the supposed freedom to travel was not left in the hands of the Cuban political police the final decision to give the person who intends to travel the passport authorizing him to do so? Blackmail is one more method of selection of repression based on the interests of the regime, and in many cases, it does not depend on the individual to be benefited or not by such grace. 

The same happens with the measures to revive the economy and the broken agriculture of the island. It is ultimately the state security that decides whether the person can engage in a small service business or lease for a limited time a plot of land to produce. 

Oswaldo Payá fought against this fraudulent change. That is what he called it and that is what we call it. He was fighting against this perpetuation of the oligarchy that keeps the Cuban people subjugated. This honest and coherent position of the founding leader of the Christian Liberation Movement was strident in the ears of the Cuban economic-military junta and the interests of those both inside and outside the island who are interested in negotiating privileges and not rights.

That is why they assassinated him and Harold Zepero on Sunday, July 22, 2012, while they were traveling with two young people in solidarity who had traveled from Spain and Sweden to the island to learn about the feelings and desires of the Cuban people. If Oswaldo Payá and Harold Cepero were assassinated, they were victims of an attack that cost them their lives, and this we know from the first day by the information that both victims and witnesses as well as friends outside and inside the island. We have been able to corroborate these facts with the surviving witnesses in this crime. With those who have tried to impose a fierce gag even when they are far from the island, we have been able to corroborate these facts.  With those who have tried to impose a fierce gag even when they are already far from Cuba but continue to be hostages of the blackmail that the dictatorship makes to their governments, democratic governments that keep silent and try to silence the truth that they have known from the first moment of the facts.

That is why we ask the international community, people of goodwill to support us in creating an independent commission to investigate the events of July 22, 2012, and to do so in the light of the truth that we know and that has been confirmed by all the witnesses. 

Osvaldo and Harold were visiting that day leaders and activists in the east of the island who are disseminating and working on the initiative “El Camino del Pueblo” (The People’s Way). This proposal, which has been signed by more than two thousand activists from more than 70 human rights organizations, most of them inside the island, is the response of Cuban democrats to those attempts of fraudulent change that ignore the rights of the people and try to ignore and despise the non-violent Cuban opposition. 

We want our brother democrats of the world to know this: know that inside Cuba they are working in the midst of the most terrible repression without hatred, but without fear, for the real changes to be made in the day of freedom. We want to be heard that solidarity goes to that incipient civil society that grows and multiplies that is able to agree on what is fundamental for our people: civil and economic and political freedoms, social justice first, and free elections. 

This is the change we are working for. The change for which many Cubans have already offered their generous lives in more than half a century of dictatorship. Neither in America nor in Europe can the quotas of solidarity with the Cuban people be the exclusive patrimony of a party or a government. Or at what moment it is more opportune for them, according to their own national interests, to show solidarity or not to show it? We do not need this hypocritical exclusivity.

We want as an independent nation to be supported punctually. Sincerely to return the sovereignty kidnapped by tyranny to the Cuban people. As we ourselves design our own projects of the present and future. We want our friends in the world to accompany us on the road we have designed and are already walking: The Path of the People. We ask for solidarity with our liberation. May the world remind the regime every day that more than 25 thousand Cubans have legally demanded a plebiscite for their rights.

Speakers and Participants

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