Felix Maradiaga, Nicaraguan opposition leader and human rights activist, addresses the 11th Annual Geneva Summit for Human Rights and Democracy – see quotes below, followed by full prepared remarks.

On human rights abuses in Nicaragua:

“It was the case of the child Conrado Alvaro, who was shot in the neck as he carried water to students protesting in Managua on April 20. While he shouted ‘It pains me to breathe,’ his companions tried to save his life, but the Ortega regime had already ordered that the wounded of the protests were not to be treated in public hospitals.”

“Franco Valdivia—another university student, singer and father of a girl – was killed with a high-precision shot in his eye. In one of Franco’s songs, he tells us ‘I want death to return to me what life has taken from me…’”

“In little more than ten months, more than 82,000 Nicaraguans have been exiled, more than 2,000 political prisoners have passed through the prisons, of which more than 650 are still under arbitrary arrest. They still remain in jail…”

Call for help from the international community:

“I come before you, with a great weight in my heart for the sacred respect to that bloodshed, in order to ask you: Do not leave us alone. Help us in our determination to build a peace with freedom. That peace is only possible with the right to memory, truth and justice.”

On authoritarianism:

“A lesson learned from the Nicaraguan odyssey is that the apparent stability that many authoritarian regimes claim to assure is a single illusion when there is an absence of freedoms.”

“Peace without freedom, is the peace of the grave.”

Full Remarks (Spanish)

Es un honor estar ante algunas de las voces más calificadas a nivel global para hablar de derechos humanos. Me satisface que los organizadores de la Cumbre de Ginebra, decidieron unir de forma inseparable los temas de derechos humanos y democracia. En el mundo contemporáneo existen intereses oportunistas que quisieran separar esos dos conceptos, como si eso fuera posible. Una lección aprendida de la odisea Nicaragüense, es que la aparente estabilidad que muchos regímenes autoritarios dicen asegurar, es una sólo ilusión cuando hay ausencia de libertades. Tarde o temprano, esa ilusión se rompe como un espejo cuyos fragmentos se dispersan con violencia, hiriendo a los inocentes. La paz sin libertad, es la paz de los sepulcros.

Fue así que en Abril de 2018, el régimen de Daniel Ortega, que pocos meses antes era adulado como “el milagro económico de Centroamérica” gracias a la sólida alianza del gobierno con los principales grupos económicos de mi país, se transformó en un monstruo que atacó las protestas ciudadanas, con la más severa violencia contra la población civil registrada en la historia de Nicaragua, en tiempos de paz.  

Al ser ustedes un público altamente especializado en derechos humanos, conocen bien los hechos y no ahondaré en detalles. Sin embargo, la verdad es que ningún reporte puede describir con precisión el terror de ver a francotiradores de la policía nacional disparando contra civiles desarmados quienes, en el peor de los casos, se trataban de defender de con “huleras” (slingshots) y piedras, ante un ejército de uniformados y paramilitares que en menos de 90 días asesinaron a más de 350 civiles. Estimamos que, al día de hoy, el número de asesinados puede ser de 500 personas.

Es fue el caso del niño Alvaro Conrado, que recibió un tiro en cuello mientras le llevaba agua los estudiantes que protestaban en Managua el 20 de abril. Mientras gritaba “me duele respirar” sus compañeros trataban de salvarle la vida pero el régimen de Ortega ya había ordenado que los heridos de las protestas no fueran atendidos en los hospitales públicos. Franco Valdivia—otro estudiante universitario, cantante y padre de una niña—fue asesinado con un tiro de alta precisión en su ojo. En una de las canciones de Franco, nos dice “quiero que la muerte me regrese lo que la vida me ha quitado…”

Y es que a los Nicaragüenses, desde que Daniel Ortega llegó al poder, se nos quitó el derecho a elecciones libres, y a pesar de los esfuerzos por sonar la alarma, el mundo calló. El régimen de Ortega realizó decenas de asesinatos extrajudiciales contra campesinos en las montañas de Nicaragua desde el año 2007 y más bien se anunciaba que Nicaragua era el país más seguro se Centroamérica. Se ilegalizaron partidos políticos de oposición e incluso, en febrero de 2016, se expulsó del país a la misión de PNUD en Nicaragua, y el mundo seguía callado.

Las voces de pueblos indígenas y de campesinos que hace años le piden al mundo auxilio ante la pérdida de sus derechos de propiedad por la expansión de la minería a cielo abierto, por la depredación de las reservas naturales o por proyectos como el supuesto Canal Interoceánico que un grupo de China desea construir, todas esas voces, antes de abril, estaban todavía muy lejanas para muchos.

En Abril todo cambió, pero es trágico que tuvieron que morir cientos de jóvenes como Franco y Alvarito, para poder captar la atención del mundo. Por ello, hoy vengo ante ustedes, con un gran peso en mi corazón por el respeto sagrado a esa sangre derramada, a fin de pedirles: No nos dejen solos. Ayúdennos en nuestra determinación de construir una paz con libertad. Esa paz, sólo es posible con el derecho a la memoria, a la verdad y a la justicia. Este clamor es especialmente importante en el momento en que el régimen de Daniel Ortega, ante el temor a severas sanciones internacionales, ha decidido negociar.

Mientras elevo este clamor, en poco más de diez meses han salido de mi país, más de 82 mil nicaragüenses exiliados, la mayoría de ellos por persecución política. Además, han pasado por las cárceles más de dos mil presos políticos de los cuales aún están en condición de arresto arbitrario más de 650 personas. Aún permanecen en las cárceles de Nicaragua, activistas de la democracia como son Victoria Obando, Cristhian Fajardo y su esposa María Adilia, Medardo, Pedro, Amaya, Irlanda, Nardo, Edwin, Brack, Amort, Byron, Kenia; los periodistas Lucía y Miguel, y cientos de personas más.

Confieso que nadie está preparado emocionalmente para poder tomar el testimonio de muchos de los ciudadanos que han sido apresados y torturados por el régimen, sin que esa experiencia nos marque de por vida. Tampoco es posible salir con el alma ilesa después de ver con nuestros propios ojos el cuerpo de jóvenes mutilados por la tortura, o ver tantas carne rota por balas disparadas por una tiranía.   

Precisamente esta madrugada hablé con alguien a quien llamaré Esperanza, para proteger su identidad. Ella logró escapar del secuestro de agentes del Frente Sandinista luego de ser violada múltiples veces en la ciudad de León:

“Me secuestraron después de participar en las protestas. Durante días, me hicieron sentir dolores más fuertes que un parto. Me lanzaron al lado de la carretera pensando que habían asesinado mi alma. No sabían, que más bien habían lanzado una semilla…”

Esa semilla de esperanza de víctimas como ella, es nuestra convicción de que es posible salir de la tiranía a través de la resistencia civil y la no violencia. Esa la esperanza que nace de acciones como la resolución recién aprobada en el Consejo de Derechos Humanos. Sin embargo, para que esa semilla sea un fruto de libertad, es urgente que sea irrigada con la acción internacional que impida que los crímenes de lesa humanidad queden en el olvido.

Así como no hay futuro sin memoria, no es posible cultivar la libertad sin la luz que sólo emana de la justicia.  

12th Annual Geneva Summit for Human Rights and Democracy, UN Opening, March 25, 2019

Speakers and Participants

Felix Maradiaga

Nicaraguan opposition leader, targeted by the government on false criminal charges

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