Diego Arria, Venezuelan politician and diplomat who served as Venezuela’s Permanent Representative to the United Nations (1991–1993) and President of the Security Council (March 1992), addresses the 11th Annual Geneva Summit for Human Rights and Democracy – see quotes below, followed by full prepared remarks.

On Venezuela:

“Today, Venezuela is a devastated land: without food, without medicines, without law, without freedom, without rights and an exodus of millions. It is a country where there are also Milosevics, Karadzics and Mladics that kill, torture, imprison and use the denial of food and medical attention as a weapon in a war against the civilian population.”

“Ironically, it is unnoticed by the international community that Venezuela is intervened and occupied by more than twenty thousand Cuban agents who control the armed forces and the police and intelligence agencies.”

On the failure of the UN:

“Despite this reality, the Secretary General of the UN only urges us to participate in the classic ‘appeasement’ of negotiating agreements with a criminal regime.”

“No one can demand that we accept any solution at any price. In this regard, not even the United Nations, which as we know is not a largely democratic body, can do so.”

“When the Security Council meets to consider resolutions, its members read them on clean sheets—lives that do not have blood, that do not have tears.”

Full Remarks (English and Spanish)

Allow me to thank Hillel Neuer, the President of this extraordinary organisation, and his wonderful team. I hope Hillel doesn’t take this time out of the eight minutes he has given me.

I have been very moved these last few days, for this extraordinary opportunity to meet human rights heroes, victims, and their families. At the same time, I cannot but express my optimism and encouragement when I see so many young people attending this meeting. It will be their responsibility to be better than the previous generations. At the beginning of my conversation I want to say that I am so happy that the Venezuelan Ambassador in this country, a new one, representing President Guido, her name is Maria-Alejandra, is here with us today. This makes me very happy.

Hillel told me to speak about my personal experience in conflicts around the world, as well as in Venezuela. I will tell that in Spanish.

El 25 de abril de 1993 en Srebrenica, por primera vez en mi vida y en un solo día, presencié horrorizado y conmovido los restos de los cuerpos de más de diez niños destrozados por morteros que destruyeron una escuela, epidemias por falta de agua potable, medicinas y hambruna. En el pueblo de Amici los cadáveres de una familia musulmana incinerados después de asesinarlos en su propia vivienda.

Ese día como líder de la misión del Consejo de Seguridad de la ONU reunimos al pueblo de Srebrenica y les dije: “Aquí estamos los embajadores de Francia, de Rusia, de Nueva Zelanda, de Hungría, de Pakistan y de Venezuela representando la cúpula política del mundo; el Consejo de Seguridad para asegurarles que les protegeremos decretando Srebrenica como un area segura”.

Sin embargo, desde allí mismo declaré a los periodistas que nos acompañaban que “Un genocidio en cámara lenta estaba ocurriendo ante los ojos del mundo”. Dos años después, en julio de 1995 y en menos de 48 horas, el genocidio que temía tuvo lugar cuando cerca de ocho mil adultos y adolescentes fueron masacrados por fuerzas criminales al mando del General Ratko Mladic bajo la direccion política de ese otro criminal Radovac Karadzic.

Han pasado 26 años desde que pronuncié esas palabras, y no logro dejar de sentir el dolor y el sentimiento de culpa de que a pesar de haber advertido a lo que llaman la comunidad internacional, no fuimos capaces de salvarlos ni siquiera en la falsamente llamada área segura. Imperdonablemente no los protegimos como les habíamos prometido.

Al retornar al Consejo de Seguridad en Nueva York para presentar nuestro informe de misión declaré:  “Bosnia es una horrible lección. La evasión moral, cuando eclipsa nuestra habilidad de reconocer y responder al mal, minará nuestros valores y nuestras creencias fundamentales, en un momento en que el mundo se hace más pequeño y tantos miran hacia occidente para liderazgo. No me cabe duda que el triunfo de los agresores, sin duda, nos degradará a todos los que estamos representados hoy en el Consejo de Seguridad”.

En noviembre de 1999, Kofi Annan -Secretario General de la ONU- en su informe a la Asamblea General sobre la tragedia de Srebrenica relató que un embajador dijo en el Consejo de Seguridad que los serbios, al ver la actitud poco resuelta del Consejo  no iban a renunciar graciosamente a lo que habían conquistado por la fuerza y el terror, y que no serían detenidos en la mesa de negociaciones, sino en el campo de batalla.

Ese embajador era yo, que representaba mi pais, Venezuela.

Como lección para el futuro Annan agregó, o más bien confesó, “Que la comunidad internacional debería aceptar su responsabilidad por la tragedia al haberse negado a utilizar la fuerza a sus inicios. No entendieron-dijo- una verdad aprendida tardíamente, que Bosnia era tanto una causa moral como un conflicto militar, y que la tragedia de Srebrenica perseguiría para siempre la historia de las Naciones Unidas”.

En este particular denuncié en el Consejo que la asistencia humanitaria fue utilizada como una coartada para no intervenir ante lo que los grandes países veían como la amenaza del surgimiento de un estado musulmán en el medio de Europa, lo que durante el juicio de Slobodan Milosevic califiqué como “el más grande encubrimiento de complicidad de las Naciones Unidas-incluyendo el rol del Secretario General Boutros Ghali” (The UN Greatest Cover up).

Cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reúne para considerar resoluciones, sus integrantes las leen en hojas limpias; hojas que no tienen sangre, que no tienen lágrimas. El Consejo está muy lejos de esas realidades que analizan bajo un principio realmente abominable: el de la Equivalencia Amoral de las Partes, que facilita no asumir responsabilidades poniendo a víctimas y victimarios en el mismo plano: una filosofía de la neutralidad igualmente amoral.

Pero la historia desgraciadamente se repite en un país que por años cooperó con las Naciones Unidas no solo en Bosnia, sino en Somalia, Ruanda, Camboya, El Salvador, Haití y otros escenarios conflictivos. Hoy ese país, mi país, es visto tanto por el actual Secretario General de la ONU, como por la Alta Comisionada de Derechos Humanos como “una de las partes”: somos iguales el pueblo tiranizado y el régimen hoy investigado en La Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad.

Venezuela es hoy una tierra arrasada: sin alimentos, sin medicinas, sin ley, sin libertad, sin derechos y un éxodo de millones. País donde también hay Milosevics, Karadzics y Mladics que matan, torturan, encarcelan y usan la denegación de comida y atención médica como un arma en una guerra contra la población civil como concluye el informe de la Organización de Estados Americanos OEA sobre la comisión de crímenes de lesa humanidad.

Es incuestionable que dada la naturaleza criminal del régimen es imposible recibir ayuda humanitarian tan necesitada sin apoyo militar  tal como vimos en el puente Simón Bolívar en la frontera con Colombia cuando detuvieron camiones con la ayuda humanitaria y  de paso mataron a siete personas. En la frontera con Brasil a siete de nuestros indios Pemones.

Una intervención humanitaria no es una invasión militar, sin embargo se nos repite que el uso de la fuerza es intolerable en nuestro caso sin importar que sigamos sufriendo un proceso de exterminio, por acción u omisión, como lo advierte nuestro Presidente Juan Guaidó al igual que lo hizo clara y admirablemente el Alto Comisionado Zeid Ra’ad Al Hussein en sus informes de 2017 y el de 2018 titulado: “Violación de los Derechos Humanos en Venezuela: una espiral que parece no tener fin”.

Irónicamente pasa desapercibido para la comunidad internacional que Venezuela está intervenida y ocupada por más de veinte mil agentes cubanos que controlan las fuerzas armadas y los organismos policiales y de inteligencia responsables por las acciones de represión, y más recientemente por agentes de Rusia activados en el campo militar y de inteligencia.

Nuestra realidad exige igualmente una operación policial para capturar a pandillas de narco traficantes que se han apoderado del país armados por Rusia y por China, que representan una amenaza no solo para nosotros, que somos las víctimas principales, sino para toda la región donde los Pablo Escobar y los Chapos Guzmán están encarnados entre otros por Nicolás Maduro, Vladimir Padrino, Diosdado Cabello.

A pesar de esta realidad, el propio Secretario General de la ONU solo nos urge a participar en el clásico apaciguamiento “appeasement” de negociar acuerdos con un régimen criminal, cuyo único resultado sería extender un salvavidas a una pandilla rechazada por más del ochenta por ciento de nuestra gente y de cincuenta y cinco países del mundo.

Nadie puede exigirnos que aceptemos cualquier solución a cualquier precio. En este particular ni siquiera las Naciones Unidas, que como conocemos no es un cuerpo mayoritariamente democrático, puede hacerlo. Tampoco este Consejo de Derechos Humanos donde basta ver quienes son y cómo actúan algunos de sus integrantes.

Menos aún podemos esperar del Consejo de Seguridad que cuenta con dos regímenes opresivos: China y Rusia, que utilizan su poder de veto hasta para impedir la asistencia humanitaria a un país en emergencia como el mío.

Desgraciadamente para los que luchamos y queremos vivir en Libertad en Venezuela y en otros lugares del mundo, las Naciones Unidas viene demostrando no ser precisamente “un guardián confiable de los valores humanos”, que opta por limitarse a una función forénsica, y que la experiencia de Bosnia como símbolo brutal de la inacción prevalece con consecuencias funestas para todos.

Seguro muchos dirán: Venezuela no es Bosnia ni será Srebrenica. Pero yo les digo: Bosnia no fuera Bosnia si el Consejo de Seguridad lo hubiera impedido-cuando pudo hacerlo- no dejando masacrar a doscientas mil personas.

Venezuela mi país, es tambien una causa moral. 

Muchas gracias. 

12th Annual Geneva Summit for Human Rights and Democracy, UN Opening, March 25, 2019

Speakers and Participants

Diego Arria

Former Venezuelan Ambassador to the UN and President of the Security Council

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